Las inquietudes por una
pedagogía
no centrada en la transmisión de conocimiento sino en
técnicas de conducción de grupos, de compromiso
personal, de investigación y de creatividad están probando, un poco
por todas partes, que la educación es un proceso de comunicación y que las más prometedoras
posibilidades de la didácticas prospectivas están estrechamente
vinculadas a la teoría de la comunicación.
La comunicación como determinante
del cambio de las estructuras psicosociales es un campo pedagógico totalmente revolucionario y que en América Latina, están llevando a formulaciones de enorme prospectivas
en el campo educativo.
Leemos, por ejemplo, en "Pedagogía
del Oprimido", Paulo Freire, un teórico de la pedagogía de las décadas de los 70 y 80 que expresaba lo siguiente: "Obstaculizar la comunicación equivale a transformar a los hombres en objetos
” …" nuestra convicción es aquella que dice que cuanto más pronto se inicie el diálogo, más revolucionario será "…" La práctica bancaria de la educación es anti
dialógica por esencia y por ende no
comunicativa."
La transformación del mundo es
consecuencia de la dialogicidad y no puede haber
dialogicidad si cada
hombre y mujer
no dicen "su palabra"
La comunicación y consecuentemente
las modernas técnicas de comunicación que no
conduzcan a la transformación social no
tendrán razón de ser por
cuanto los instrumentos
y técnicas de comunicación no tienen significado en sí, sino que
su valor lo adquieren
en relación con el hombre.
Toda pedagogía ha de basarse en el proceso de la comunicación
y no tanto en las técnicas audiovisuales. Los intercambios, dinámicas de grupos,
vivencias interpersonales, son formas que conllevan a una finalidad eminentemente educativa.
En la "Pedagogía
del Oprimido" ha dejado escrito Paulo Freire,
la explicación de esta
necesidad de fundamentar en la comunicación
toda acción educativa.







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